Puente de Pájaros

Hace mucho tiempo había una pequeña niña que vivía en una pequeña aldea con sus cariñosos padres. Se llamaba Perla de Jade.
Un día la aldea fue atacada por bandidos y Perla de Jade fue capturada por un bandido que pensó que podría venderla, y varios días después llegaron a una hermosa ciudad, pero los bandidos fueron reconocidos y tuvieron que huir y en la confusión Perla de Jade se las ingenió para escaparse.
La niña entró en un parque donde crecían bellas flores, y Perla de Jade se sentó junto a la planta mas encantadora y rompió a llorar. Ahora bien, esto sucedió hace mucho tiempo, antes de que los hombres supieran qué era la planta de ginseng, y la encantadora planta que estaba junto a Perla de Jade era nada menos que la Reina del Ginseng. La reina escuchó los sollozos de la asustada niña y su corazón se conmovió, y cuando Perla de Jade se destapó los ojos vio con asombro que una alta mujer de rostro jovial y pardo y ojos risueños le sonreía bondadosamente.
- Niña, estás perdida? –preguntó la reina.
Perla de Jade contó a la amable mujer lo que había sucedido, tal como ella lo entendía, y la Reina del Ginseng le cogió la mano y le dijo que no se preocupara porque la llevaría a casa. Muchos días después llegaron a la pequeña aldea, y los padres de la pequeña niña salieron alborozadamente a saludarla, pero cuando Perla de Jade se volvió para presentar a la amable dama que la había llevado a casa la reina había desaparecido. La reina volvió a vivir junto a otras plantas que crecían en la hermosa ciudad, pero al cabo del tiempo notó que le había cobrado gran afecto a la niña y quería verla de nuevo.
Un día Perla de Jade oyó que la llamaban por su nombre, y entró en un bosquecillo de bambú y allí estaba la amable dama de ojos risueños. La reina se convirtió en la madrina de la niña, y la visitaba con frecuencia, y a causa de ese contacto con el ginseng Perla de Jade creció saludable y agraciada. A los dieciocho años era la muchacha mas bella del mundo, aunque no lo sabía, y entonces tuvo otro visitante maravilloso.
Cuando la temporada de las lluvias llega al Cielo, el Gran Río de las Estrellas se llena de aguas encrespadas. El joven dios llamado Pastor de Estrellas debe trajinar entre las olas día y noche, guiando las estrellas a un lugar seguro con su largo cayado, pero durante la temporada seca es libre de viajar a su antojo. Un día de la temporada seca el Pastor de las Estrellas decidió visitar la Tierra, así que descendió del Cielo y aterrizó en una pequeña aldea. Se paseó admirando el paisaje, y al llegar a un encantador bosquecillo de bambú halló un sendero y lo siguió. En el centro del bosquecillo había un claro donde crecían flores silvestres, y en el centro del claro había un estanque donde nadaban pececillos multicolores, y en el centro del estanque había una muchacha campesina que se estaba bañando. Su tez era marfil untado con miel, y sus ojos eran almendras negras moteadas de oro, y su cabello era una nube de humo suave y arremolinado, y sus labios eran maduros y carnosos y estallaban de dulzura como ciruelas. La muchacha campesina tenía muchos atributos interesantes, y tened por seguro que el Pastor de Estrellas no pasó por alto ninguno de ellos.
- Oh! –exclamó Perla de Jade al ver un rostro reflejado en el agua, y al alzar los ojos, la muchacha mas bella del mundo vio al dios mas guapo del Cielo.
Una cosa llevó a la otra, como suele suceder, y un da en el Cielo un viejo sirviente a quien habían otorgado el derecho de pescar en el Gran Río de las Estrellas llegó jadeando al palacio del Emperador y pidió una audiencia con el Augusto Personaje de Jade.
- Celestial Majestad, la temporada de lluvias se acerca pero el Pastor de Estrellas no ha regresado de la tierra! –gimió-. El Gran Rio está lleno de olas salvajes, y estrellas aterradas chocan contra grandes rocas negras, y muchas están muy dañadas y algunas de han hundido!
El Augusto Personaje de Jade no podía creer que su sobrino favorito descuidara así sus deberes, pero salió precipitadamente para verlo con sus propios ojos, y cuando comprobó que era tal y como el viejo sirviente había dicho, lanzó un gran rugido de cólera, bajo a la tierra y aterrizo con terrible estruendo en medio del bosquecillo de bambú. El Emperador cogió al Pastor de las Estrellas por el cabello, lo zarandeo como a un juguete atado a un cordel y lo arrojó a la constelación del Águila.
- Vuelve a tus deberes, cachorro insolente! –rugió-. Juro por el nombre de mi predecesor, el Amo Celestial del Primer Origen, que jamás se te permitirá volver a visitar la tierra! –Luego se volvió hacia Perla de Jade-. De rodillas, mujerzuela! –aulló-. Prepárate para enfrentarte a la ira del Cielo!
Perla de Jade se hincó de rodillas y entrelazó las manos.
- Celestial Majestad, no es preciso que castigues a la pobre Perla de Jade –sollozó-. He entregado mi corazón al Pastor de Estrellas, y moriré si no vuelvo a verle.
El Augusto Personaje de Jade echó un vistazo atento a Perla de Jade, y recordó que él también había sido joven. Echó un segundo vistazo, y recordó que recientemente había jurado que el Pastor de Estrellas tenía mas sentido común en su meñique que sus demás sobrinos en todo el cuerpo. Echó un tercer vistazo, y comenzó a tener pensamientos profundos sobre su amada esposa, Wang la Reina Madre, que usaba mas maquillaje y pintura con menos efecto que cualquier otra mujer que él hubiera conocido. Echó un cuarto vistazo y exclamó:
- Diez mil maldiciones!
El Emperador suspiró y se sentó junto al estanque, y al cabo de un momento palmeó la hierba.
- Ven a sentarte aquí, mi niña –dijo.
La muchacha campesina se sentó junto al Emperador del Cielo y él se quitó las sandalias y ambos metieron los pies en el agua. El Emperador observó los diminutos peces dorados y rojos que se deslizaban entre sus pies como copos de nieve de colores brillantes.
- Perla de Jade –dijo-, he jurado por el nombre sagrado del Amo Celestial del Primer Origen que el Pastor de Estrellas no podrá volver a visitar la tierra. Ese juramento no se puede quebrantar.
Perla de Jade rompió a llorar amargamente.
- Pues tendrías que ver lo que hizo ese mocoso con el Gran Río de Estrellas! –protestó el Emperador-. Los hospitales del Cielo estarán llenos de estrellas rotas durante seis meses, y solo comprenderás esa desgracia cuando tratas de vendar una estrella rota!
Perla de Jade siguió llorando, y los ojos del Emperador se ablandaron al mirarla.
- Lamentaré esto, lo siento en los huesos –murmuró al fin, encogiéndose de hombros. Metió la mano en la manga izquierda de su túnica y extrajo una pequeña corona de oro-. Muchacha campesina, como el Pastor de las Estrellas no puede visitarte en la tierra, te permitiré visitarlo en el cielo.
- Su Majestad me honra mucho mas de lo que me merezco! –exclamó Perla de Jade.
- Precisamente, y mas vale ni pensar en lo que sucederá cuando se entere mi amada esposa, Wang la Reina Madre –murmuró gravemente el Emperador-. Sin embargo, al cielo no le vendría mal cierta renovación, y tú has confirmado mi sospecha de que el Pastor de Estrellas es el mas sensato de mis sobrinos. –El Emperador se alegró con otro pensamiento-. Además, mi esposa me debe algo después de ese desdichado incidente con sus melocotones de la inmortalidad, y Chang-o, y ese aborrecible Conejo Blanco que insiste en fruncir la nariz cuando vuelo mas allá de la luna. Sigue mi consejo, jovencita y mantente alejada de los conejos.
El Augusto Personaje de Jade se metió la mano en la manga derecha y sacó tres diminutas plumas blancas, que insertó cuidadosamente en el borde de la corona
- Qué día es hoy? –preguntó.
- Majestad, es el séptimo día de la séptima luna –dijo Perla de Jade.
- Muy bien –dijo el Emperador-. Perla de Jade, estas tres plumas pertenecen al Rey de los Pájaros. Mientras las lleves en la corona, serás la Princesa de los Pájaros y todos los pájaros de China serán tus afectuosos súbditos. Decreto que en el séptimo día de la séptima luna se te permitirá convocar a los pájaros, que construirán un puente para que subas por él, de modo que puedas reunirte con el Pastor de Estrellas en el Cielo, pero es ilegal que alguien que no ha concluido el ciclo completo de la Gran Rueda de las Transmigraciones pase un año entero en el Cielo. El primer día de la primera luna debes convocar de nuevo a los pájaros y ellos construirán el puente que te devolverá a la tierra, y el séptimo día de la séptima luna se te permitirá ascender al Cielo una vez mas, y así por toda la eternidad, pues si el Pastor de Estrellas no te da el Melocotón de la Inmortalidad, es mucho mas necio de lo que creo que es.
El Augusto Personaje de Jade agitó un dedo delante de la nariz de la muchacha campesina para destacar la importancia de sus palabras.
- Perla de Jade, no olvides el séptimo día de la séptima luna! Estas condiciones se anotarán en el Imperial Libro de Etiqueta, que ni siquiera yo puedo desobedecer, y si no regresaras al Pastor de Estrellas el día designado perderás la protección del Cielo. El Imperial Libro de Etiqueta no admite excusas –enfatizó el Emperador-. Se prohibirá a los dioses ayudarte, y nadie salvo un mortal puede devolverte al Cielo, y en una estimación modesta de probabilidades de que alguien lo consiga son de una contra mil billones. Me entiendes?
- Escucho y obedezco –dijo Perla de Jade.
La muchacha campesina se arrodilló ante el Emperador del Cielo y él le puso la pequeña corona de oro en la cabeza.
- Levántate, Princesa de los Pájaros! –ordenó, y al levantarse Perla de Jade vio con asombro que irradiaba una luz divina-. Llama a tus súbditos! –ordenó el Emperador, y cuando ella llamó a los pájaros se elevó una gran canción de alegría, y todos los pájaros de China volaron hacia la princesa. Llevaban tallos y ramas verdes, y con ellos construyeron un puente que se elevaba a las estrellas. Perla de Jade subió al Cielo por el puente, y el Pastor de Estrellas desposó a la Princesa de los pájaros y le dio el Melocotón de la Inmortalidad, y el primer día de la primera luna se separaron con muchas lágrimas y el bello Puente de Pájaros devolvió a Perla de Jade a la tierra.
El Cielo se encargó de que nada le faltara a su pequeña aldea, así que la princesa podía pasar el tiempo cantando canciones y tejiendo guirnaldas de margaritas. Tres muchachas de su aldea eran sus doncellas, Ganso Níveo, Pequeña Ping y Luna Otoñal, y tenía una cabra y un gato y un pequeño perro que le ayudaban a pasar el tiempo. Aun así, la llegada del séptimo día de la séptima luna pareció tardar una eternidad. Perla de Jade besó a sus doncellas y se despidió de sus padres. Luego llamó a los pájaros, y los campesinos de China alzaron los ojos con admiración y deleite mientras el Puente de Pájaros subía a las estrellas, y la Princesa de los Pájaros corría a los brazos de Pastor de Estrellas.

Puente de Pájaros

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